viernes, 1 de mayo de 2009

Revista Siamesa


por Nicolás Pose


Criminal es una obra donde la trama homenajea y al mismo tiempo revela las miserias del psicoanálisis, cuestionando la falta de ética que pueden llegar a tener los analistas como cualquiera de nosotros, con la diferencia de que ellos tratan a personas. Javier Daulte ha sabido aprovechar perfectamente la finalidad del psicoanálisis de la búsqueda de la verdad, de investigar el inconsciente, para construir un relato policial que no está exento de matices melodramáticos.La acción de la obra se construye en un espacio tan despojado como el de la psiquis humana, estando los cuatro actores a la vista del espectador pero sin participar de la acción al mismo tiempo. Y el espacio real es la habitación con diván: el símbolo del espacio psicoanalítico por excelencia. En ese espacio transcurre toda la acción de la obra, intercalando diferentes sesiones. Entra un actor y sale otro, estando todos dentro del mismo espacio.

El recurso es sumamente inteligente, ya que no interrumpe la acción en ningún momento, sumado a los cortes de escena que están marcados por los corte de luz.La obra comienza cuando el analista de Diana-Juan Bueras-, le cuenta en terapia a otra colega-la Dra A, analista de Carlos Cossio-que Carlos quiere asesinar a Diana, su esposa. Luego el espectador asiste a las otras terapias, la que mantiene Diana con Juan Bueras, y la que mantiene la Dra. A con Carlos Cossio. A través de las terapias se revela el carácter débil y mitómano de Cossio para esquivar la realidad, y el carácter posesivo de Diana, una femme fatal. Mientras tanto, a medida que la tensión aumenta ante la imposibilidad de saber si puede ser probable el crimen o no y el espectador coteja los diferentes diálogos de diván, la música logra momentos de clímax excepcional dotando al ambiente de mayor suspenso al estilo Hitchcock. Además de que la historia sea excepcional, también la obra critica a los analistas, más cuando en una parte de la obra la Dra. A charlando con Bueras sobre la situación le confiesa que no quiere perder a su cliente, e inmediatamente se desdice y agrega con una sonrisa, avergonzada: “paciente”.

Al principio la obra se perfila como un thriller psicológico, pero luego aparece el elemento humorístico cuando se parodian ciertos momentos de la práctica psicoanalítica, y sobre todo cuando Juan Bueras confiesa su homosexualidad y el espectador asiste a una transformación impensada.El final demuestra la inteligencia y astucia de Cossio y Diana y ridiculiza a los analistas, quienes finalmente terminan siendo engañados. Juan Bueras termina llorando desconsoladamente mientras las luces bajan progresivamente y la música se torna siniestra.

La falsedad de toda verdad es lo que parece demostrar la brillante historia de Daulte, ya que no existe “la verdad” sino que hay verdades, y no son las que uno siempre espera. Todo puede ser relativo dentro del mundo de la subjetividad y por ende del pensamiento de los seres humanos.Si la historia es impecable, también lo son las actuaciones. Se destaca sobre todo la impecable interpretación que hace Luis Dartiguelongue, construyendo un personaje tan complejo como el de Cossio. También Eduardo Narvay logra una gran interpretación, efectuando de manera admirable las transformaciones que sufre Juan Bueras a lo largo de la obra.La obra tiene muchos puntos altos, y es en este sentido que tiene la capacidad de aprovechar a la perfección la mayoría de recursos que provee el teatro. Es por eso que la música y las actuaciones, sumados al texto de Daulte y a la dirección del experimentado Marcelo Velázquez, arman un combo exquisito para degustar en cualquier momento.

jueves, 30 de abril de 2009














¿Quién será el asesino?


por Azucena Ester Joffe
y María de los Ángeles Sanz

Un espacio poblado de voces que esperan; expectante espera de aquello que minutos después atravesará los sentidos; la puesta dirigida por Marcelo Velázquez, no es la primera que produce la textualidad que Daulte construyera hace ya más de diez años, pero podemos afirmar que es una de las más potentes, cuando establece una lectura de la obra a partir de la parodia que es el elemento constitutivo de su estructura. Criminal (1995) de Javier Daulte es un texto que, trabajado desde el pastiche (1), parodia el discurso psicológico y el género melodramático, a la vez que desarrolla la intriga de un thriller, que al contrario del policial clásico, el crimen aún no se ha cometido, y lo que se va construyendo a medida que se plantean las situaciones es el proceso de un asesinato. Sin la búsqueda de un sentido unívoco, el texto propone desacralizar la verdad de los discursos, relativizando el poder de la palabra, en una profesión donde es su única herramienta; y proponiendo una realidad incierta, donde todo puede ocurrir, pero no sabemos como. La trayectoria del autor, desde sus primeras piezas, se incluye en lo que podemos denominar como “teatro de la desintegración”, (Pellettieri, 1998) un teatro que a partir de la década del 90 revitaliza la potencia textual, pero no lo hace desde la unidad de sentido del realismo, sino desde la fragmentación, la mixtura de poéticas, y la búsqueda de un teatro de experimentación en la forma. Si el teatro realista pretendía modificar la realidad a partir de la palabra, el teatro de los autores que alguna vez reunió Carajá-jí, propone posibles interpretaciones de la realidad a través de la palabra.
La ironía y el sarcasmo presente en el texto de Daulte se ve multiplicado en la puesta que nos presenta un espacio dramático totalmente delimitado, un verdadero “ring” donde las pasiones se enfrentan, se yuxtaponen, en pares de opuestos: vida-muerte, verdad-mentira, víctima-victimario. Un espacio donde el tiempo es enérgico e implacable, donde Juan (Eduardo Narvay) gime, llora, suplica. Juan es el hilo conductor y se transforma en el criminal inconsciente e inevitable de un mundo caótico y perverso. Con un gran dominio de su cuerpo y de su rostro, de los tonos y los ritmos - que el personaje exige - Narvay nos transmite todo lo pulsional, lo visceral con dramatismo y con humor. A partir de un trabajo con la textualidad, y con el cuerpo, producto de su experiencia teatral con directores como Carlos Gandolfo, y en diferentes medios, desde el cine, la televisión hasta el match de improvisación, logra una eficaz construcción del personaje, desplegando sus múltiples facetas. Desdoblamiento, distanciamiento y otros recursos propios del absurdo, que también, en el perfecto cuadrilátero, resuelven con profesionalismo Uki , Paola Cappellari y Luis Dartiguelongue; bajo la dirección de Marcelo Velázquez, en su primer trabajo, que anticipa un interesante futuro en su labor direccional, ya que acierta en trabajar la simultaneidad de acciones que exige el texto, en un solo espacio, que los actores explotan con eficacia, en la composición de los personajes, desde una actuación por momentos crispada pero que va conformando con límites precisos cada una de sus identidades, y en desarrollar aquellos matices más absurdos para provocar desde el humor al espectador. La ausencia de objetos – falta de vaso de agua, o el teléfono que no aparece, por lo que Juan debe matar a la psicóloga con un zapato - que refuercen la semántica obliga a los actores a manejar su histrionismo con ductilidad y al espectador a seguir la intriga reponiendo aquellas instancias que se construyen sólo desde la palabra.
La obra funciona en distintos niveles de subjetividad: el primero, en el ámbito del psicoanálisis y se establecen las relaciones personales entre el profesional y su paciente. Un segundo ámbito, donde la relación matrimonial entre Diana (P. Cappellari) y Carlos (Dartiguelongue) es engañosa y mezquina. Y, por último, el ámbito más íntimo donde se debate el amor y la homosexualidad de Juan (Narvay) y como consecuencia de esto la muerte de la Dra. A. (U. Cappellari). Estos tres niveles subjetivos estallan, las hilachas de uno y otros se contaminan, pero el resultado es una puesta en escena homogénea. Al utilizar el pastiche como recurso estilístico desde el espacio ficcional, se involucra necesariamente al espectador en este “juego”, pues es quien va a llenar esos huecos, esos vacíos dramáticos, en última instancia, a lo largo de toda la obra. Un recurso que la dirección de Marcelo Velázquez y los actores resolvieron productivamente, para el placer del espectador.

Notas
El pastiche es un procedimiento que fusiona como en el collage procedimientos de diferentes poéticas, el pastiche en la modernidad reúne esa mixtura para semantizar el texto, cargarlo de sentido. En la posmodernidad es utilizado no para el sentido unívoco del texto sino por el contrario para disparar una multiplicidad de sentidos.

Bibliografía
Rodriguez, Martín, 1999. "Prólogo a Teatro de la desintegración". Buenos Aires: Eudeba.

lunes, 13 de abril de 2009

Un texto brillante y actuaciones excelentes en una obra que toma como centro la relación psicoanalista-paciente.

Criminal

Por Teresa Gatto
para Leedor.com
Transferencia y contratransferencia suelen ser ejes del psicoanálisis freudiano. La primera hace posible que el paciente traslade sus relaciones parentales sobre su analista y le entregue un relato de su experiencia sufriente. La segunda es un instrumento excelente para el terapeuta al ayudarlo a prever el proceso de la cura y anticipar el inconsciente del paciente.

En la obra de Daulte estos tópicos del freudismo están llevados al límite, trastocados y puestos de cabeza.

En un espacio geométrico donde los personajes están anclados a su acción dramática y juegan roles que permanentemente son puestos en jaque, la Dra. A, visiblemente neurótica y turbada, recibirá la visita desesperada de quien, después sabremos no es un paciente borderline sino un colega que desea advertirle sobre un asesinato. Ambos colaboran, respectivamente, en la cura de un matrimonio al borde del divorcio.

Los personajes juegan siempre dentro de ese espacio de moquete y diván blanco. Alrededor del elemento diván, simbólico y real, se alternan las escenas que convierten la tragicomedia en un policial. Habrá conspiración para cometer delito, pistas del mismo y por sobre todo un secreto que será develado al final. La pistas mal leídas, las contratransferencias desviadas y el instrumento psicoanálisis llevados al límite oficiarán de motor narrativo y serán la condición de posibilidad de llegar a la resolución del conflicto.

Los personajes coexisten en el escenario y alternan historia y acciones sin salir jamás del espacio blanco pero con una alta calidad de dirección que hace que los espectadores jamás experimenten acumulación, sino que puedan ser receptores de los juegos alternados en tiempo y espacio entre ellos.

Las actuaciones alcanzan momentos brillantes y tienen en todos los casos los matices inherentes a paciente y psicoanalista pero siempre llevados al límite del absurdo y la parodia en todos los roles.

La iluminación y la música acompañan la diégesis y aportan el suspenso necesario en una puesta que apelando a un texto brillante y actuaciones excelentes nos divierte y deja una enseñanza: nunca crea que su analista es Dios.

lunes, 6 de abril de 2009


Analízame
Por Silvia Urite
En Psicoanálisis se produce entre el analista y el paciente un fenómeno llamado transferencia. Se trata de un proceso donde, el paciente al utilizar al analista como su espejo sufre una especie de “enamoramiento” y lo pone como objeto de deseo. De eso se trata Criminal, pero la dramaturgia de Daulte lleva el episodio a las últimas consecuencias y a aparecer en la Sección Policiales de los diarios, por decir así.Al principio observamos a una reprimida psicoanalista, la Dra. A- interpretada con convicción por Uki Cappellari-que es visitada por un sujeto en estado de desesperación, Juan Bueras – un excelente Eduardo Narvay- que le va a advertir de un posible homicidio a punto de ser cometido.En un segundo plano, pero fundamentales en la trama están los personajes de Diana (Paola Cappellari) y el impredecible Carlos Cossio (Luis Dartiguelongue), un neurótico al borde del divorcio.No podemos adelantar otros detalles porque estaríamos contando la obra. Pero en cuanto a los rubros técnicos se luce el de diseño de escenografía, con un diván en un reducido espacio vital por donde los cuatro personajes se entrecruzan, hablan, gritan, lloran y sufren colapsos. El final es una vuelta de tuerca brillante, lograda por la destreza de Daulte, psicólogo en la vida real.La dirección de actores está muy cuidada, hasta en el más mínimo detalle. El vestuario se adapta a la caracterología de cada personaje. Es muy gracioso ver la obra, no ya en el día del estreno, sino durante los subsiguientes, donde se distinguen entre el público los psicoanalistas por el acento de sus risas en ciertos chascarrillos de la pieza.En el programa de mano, el director agradece “a mi psicoanalista”. Muy buena obra para los que se psicoanalizan, a través de la transferencia. El resto lo puede ver como un policial, aunque se va a perder trozos sabrosos. La obra está en su tercera temporada en cartel.
La autora , SILVIA SANCHEZ URITE, es Critica teatral, egresada de Cs de la Comunicaciòn (UBA) y jurado desde el 2006 del Premio Teatro del Mundo.

domingo, 29 de marzo de 2009

Las transferencias intransferibles
Por Nepo Sandkuhl

“Criminal”, cuyo autor es Javier Daulte, es puesta en escena por Marcelo Velázquez y producida por “La Muda compañía de teatro”. La propuesta en especial que tiene esta pieza teatral es el espacio, o el juego y la creación de ella sin necesidad de tanta parafarnalia.
El espacio es transformado desde una especie de efecto de extrañamiento o, de distanciador, (“efecto brechtiano”, sin entrar en la polémica, sólo lo utilizo para denominarlo) donde la ruptura y la creación están dadas por los actores, haciéndonos notar que están juntos, uno al lado del otro, que a veces se rozan; pero en la historia están en diferentess lugares y diferentes tiempos. Esta me parece que es la mejor propuesta de esta puesta en escena de Criminal, hasta tal vez la más clara.
Las acciones y los impulsos de los personajes están en juego desde la construcción de ciertos arquetipos, hasta tal vez me atrevería a decir, desde ciertos estados; no hay una búsqueda concreta del sentido, de la urgencia de las situaciones, dentro del marco del código de actuación que propusieron que es muy realista. Hay momentos y situaciones donde se destacan Eduardo Narvay y Luis Dartiguelongue.

Revista La Luciérnaga

por Mariano Casas Di Nardo
En Criminal, su autor Javier Daulte, deja en carne viva la dicotomía profesional que convive en todo psicólogo al trabajar con algo tan intangible como el alma humana. La pluralidad de teorías y conceptos, para desarrollarlo en la madeja de relaciones que un ser humano debe afrontar a diario, jugando con el amor, el odio, la irascibilidad y la mesura. Las antípodas, tanto en lo comercial como en lo racional. Y al parecer nadie sale limpio.
Un escenario mínimo, cuatro actores, el ABC del teorema Freudiano y la ética profesional al desnudo, desprovista de todo aquello que brinda un marco objetivo. Cuatro corazones latiendo al compás de la efervescencia momentánea, dejando un manto de desequilibrio total. Los textos de Daulte son un arma de doble filo. Tienen la consistencia necesaria como para realizar una excelente obra pero también si no se logra, deja mal parado al director, con sus actores como fusibles.
En esta versión, Marcelo Velázquez, en su lugar de regista, logra lo obvio; lo esperado. Una pieza entretenida, bien ambientada y con la utilización del poco espacio, de forma tal que sobra lugar. Diálogos definidos, superposición temporal y un hilo progresivo que retoma el pasado para entender el presente. Todo corporal y hablado, sin efectos ni otros ambientes, porque de hecho, no los requiere. El cuadrilátero armado por sus protagonistas cierra perfecto y lo demás, sobra. Es así como, dentro de este panorama, entre limitado y suficiente, el paralelismo de Luís Dartiguelongue y Uki Cappellari, rigen los tiempos, ecualizando toda tensión.
La historia narra la suerte de dos psicólogos que por esos azares del destino, se ven en el medio de un triángulo amoroso. Dos mujeres, una exaltada psicóloga y una cautivante mujer por un lado y dos hombres, un psicólogo poco ortodoxo y un oficinista vivido y exprimido por su aristocrática mujer; son las cuatro columnas por donde comienza a centrifugarse las escenas. Poca luz, un vestuario esclarecedor y una dinámica textual que ordena, lo que en un principio es difuso. Así, la transferencia contratransferencial de la que hace alarde el subtítulo de la obra, comienza a rodar.
Criminal no es una tragedia psicológica, pero sí utiliza los senderos de la psicología para encausar y explicar las perversiones de las que un humano es capaz de realizar. Saca a relucir las deshonras del hombre y las pone en práctica de la manera más torpe. Un brillo especial para una obra que se destaca por la amalgama perfecta de sus textos, su director y sus actores de primer nivel off.

Desde Barcelona


Psicoanálisis porteño y criminal: Javier Daulte en su propia salsa.
Octubre 15, 2008
La cartelera teatral de Buenos Aires contempla dos obras del director artístico de la sala Villarroel de Barcelona: la última, Baraka, y la primera: Criminal.

La última de las obras dirigidas por Javier Daulte, Baraka, se estrenó hace pocas semanas en uno de los teatro de mayor prestigio de la capital argentina. No obstante, el atractivo se encuentra en el Teatro Del Borde, donde cada sábado a las nueve y media de la noche se representa Criminal, la primera obra escrita por el dramaturgo porteño y dirigida por un director novel: Marcelo Velázquez que junto con su compañía teatral La Muda han conseguido llevar a buen puerto esta obra . La Dra. A., psicoanalista de Carlos, recibe la desesperada visita del psicólogo de Diana que le suplica intervenga para detener un crimen. Diana es la esposa de Carlos. Ellos, un matrimonio despojado de todo afecto al que los envuelve un manto de odio, resentimiento, conveniencia y desencanto.
Javier Daulte tiene una manera de entender el teatro que escapa a los preceptos ortodoxos de la creación teatral y una inclinación natural por temas escabrosos o que tengan que ver con la naturaleza humana. Basta haber asistido a las representaciones que se llevaron a cabo de La Felicidad en el Teatro Romea o de la Metamorfosis de Kafka junto con La Fura dels Baus en el Grec del año 2007 para darse cuenta que en muchas de sus obras asistimos a una disección del ser humano, sus motivaciones y sus miedos.
Su ópera prima no es menos. Criminal es un texto escueto, directo y eficaz, que no da ninguna pausa salvo ciertos momentos divertidos. Estrenada en el año 1996 aterrizó en Madrid en el año 2000 pero no hemos tenido la oportunidad de verla en nuestra ciudad. Buenos Aires fue testigo de su estreno bajo la dirección de su creador y doce años después el último en llevarla a escena es Marcelo Velázquez. Dispuestos alrededor de un diván los actores se dividen en dos parejas que alternan el primer plano para explicarnos cosas. La trama se desarrolla en dos tiempos, presente y pasado, y los flashbacks se suceden de una forma muy dinámica, haciendo que la tensión dramática crezca y también favoreciendo los diversos guiños o chistes que se dirigen hacia el público. Un acierto, como un acierto también el trabajo de los cuatro actores entre los que si tuviera que elegir destacaría el papel de Uki Cappellari en su interpretación de “Dra. A” y el de Luís Dartiguelongue en su papel de “Carlos Cossio”
Una buena obra, con una buena dirección y buenos actores. Criminal es una de esas obras que tenemos que reclamar ya en la cartelera barcelonesa. Si no me creen, vengan y compruébenlo por ustedes mismos.
Junior Galante
Desde Barcelona para “Es una locura…pero podría funcionar”.

martes, 24 de febrero de 2009

REESTRENO CRIMINAL

TERCERA TEMPORADA DE ÉXITO !!!

REESTRENO: SÁBADO 21 DE MARZO 21 HS.

DELBORDE ESPACIO TEATRAL
CHILE 630 - SAN TELMO
RESERVAS: 4300-6201

domingo, 4 de enero de 2009

Reestreno "Criminal" - Tercera temporada de éxito

Luego de dos temporadas exitosas y a pedido del público vuelve "Criminal" de Javier Daulte en Marzo de 2009.
Todo el equipo de "Criminal" les desea un feliz 2009 y con mucho buen teatro!!!
Nos vemos en marzo en DelBorde Espacio Teatral.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Diario La Nación


El diván sobre el escenario

Bucean en este universo desde Les Luthiers hasta el teatro independiente
por Laura Ventura

En el ADN del argentino conviven dos genes, cuyo origen es aún un misterio. El teatro y el psicoanálisis, experiencias que mucho tienen en común, suscitan adeptos, adictos, estudiosos y defensores. El espectador, como el paciente en el diván, no es un sujeto pasivo. Hay algo que busca en los escenarios, vinculado a una sanación. Estas disciplinas aisladas se unen en escena y el efecto es terapéutico. Pero, además, cuando las obras de teatro ingresan en el universo del psicoanálisis y la psiquiatría, el efecto se potencia.
(...)
Una mala sesión
Criminal
, de Javier Daulte, es un diálogo entre dos psicólogos que intentan detener un homicidio, y entre sesiones y llamadas desesperadas, se cuelan sus deseos carnales. El terapeuta del director de esta puesta, Marcelo Velázquez, vio aquella obra y, en lugar de destacar el texto o la comedia, hizo un planteo ético de la profesión, pues allí, en su opinión, "la dimensión moral aparece totalmente trasgredida". En 2007, esta obra tuvo tres montajes diferentes.
(...)
Agustoni, Pavlovsky y Velázquez, entre otros, admiten que algunos alumnos comienzan a estudiar teatro por recomendación de sus analistas. Pero, además del juego que realiza el actor, el espectador también encuentra dos alivios para su propia vida, contradictorios entre sí, pero ambos necesarios, según el momento que cada individuo atraviese: la evasión de sus problemas a través de una ficción y el reflejo de su propia realidad sobre un escenario.

Ver nota completa:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1071832